¡Por fin se fue diciembre! Y con él, las patéticas promesas que, motivado quien sabe por cuales estúpidas y eufóricas razones, hiciste. ¡Y otra vez llegó enero! Ahora tienes que cumplir todas esas pendejadas que dijiste que ibas a hacer.
Y es que la dupla diciembre-enero no podía ser peor: Por un lado está el mes de la gastadera a diestra y siniestra sin ton ni son, las promesas, las reconciliaciones y los “perdones de corazón” con hipócritas golpes de pecho; y por otro lado está el mes de la peladera de bola, de la mamazón y de “ahora sí, el lunes arranca todo”, o “el lunes comienzo”.
