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viernes, 14 de septiembre de 2012

Esa secta que llaman Herbalife (1ra parte)

¡Volvió El Eterno Inconforme! ¿Qué pensaban? ¿Qué se había acabado este blog?

Hoy les compartiré mi percepción acerca de un tema del cual muchos opinamos, denigramos, nos burlamos (me incluyo) y otros alabamos (también me incluyo).

Si detestas a los fucking vendedores de la secta satánica de Herbalife, su fastidio, su acoso y su lavado de cerebro constante para que les compres una merengada mágica, este post es para ti.

Pero por el contrario, si has probado esos productos, has obtenido resultados o trabajas con ellos como Distribuidor Independiente y obtienes un dinero extra (que nunca está de más) sin dejar de hacer lo que antes hacías o a tiempo completo, entonces este post también es para ti.

Empecemos por el principio: Ya muchos de Uds., inconformes en potencia, se deben estar preguntando: ¿Y tú, Roosevelt? ¿Cuál es tu posición acerca de estos fucking/excelentes productos?

Debo aclararles algo, para los que tienen poco tiempo conociéndome o leyéndome: El escéptico de los escépticos soy yo. Cuando inventaron la palabra incrédulo, pensaron en mí.

Pero así como me considero un cliente bastante, muy, MUY difícil de convencer, también detesto los fanatismos exacerbados y sin razón de ser.

Adoro mi teléfono Android, pero no dejo de reconocer que Apple es sencillamente BRUTAL. Me fascinan los videojuegos, y aunque prefiero el Xbox360, sé que Playstation es una experiencia genial. Uso Movistar y Digitel, y sé que ambas tienen cosas buenas y malas. Conozco un poquito de religión, y también sé que desde la santería, hasta el cristianismo, pasando por el budismo, etc., todas y cada una de estas ideologías/filosofías tienen sus cosas MUY buenas pero también MUY malas. Adoro y prefiero el rock por sobre todos los géneros musicales, pero eso no me hace dejar de apreciar de vez en cuando una salsa “cabilla” o un buen merengue “apambichao’”.

Hasta aquí, todo claro y están de acuerdo conmigo, ¿verdad?

En fin, señores, al punto que quiero llegar: Es normal que detestemos determinado producto, religión, ideología o filosofía, (de hecho, los seres humanos somos irremediablemente sectarios, pero no pretendo dar aquí una clase magistral de sociología) porque sencillamente no nos agrada, o hayamos tenido una mala experiencia. Pero odiar/denigrar/detestar/alabar hasta el fanatismo algo sin conocerlo, sin haberlo probado o sin haberte molestado siquiera en leer un poquito acerca de ello, raya en LA TOTAL IGNORANCIA. Es como que tú te pongas a decir que Holanda es un mal país porque las prostitutas están visibles en vitrinas y porque se venden drogas en los pubs, sin que antes lo hayas visitado para ver si es verdad o es mentira que es un país horrible para vivir.

Yo, por ejemplo, DETESTO, ODIO Y NO TOLERO a los que se dicen “comunistas-socialistas”. Pero para llegar a tal afirmación, leí e investigué, y ya tengo las bases suficientes para decir: Eso es una mierda (además de que tengo 14 años probando ese “producto” y definitivamente no funciona).

Y así, con todos los productos que mencioné más arriba (Esto aplica para las marcas de zapatos, de celulares, de computadoras y para todo en la vida).

Dicha toda esta verborrea de bloguero creído y de pseudo escritor de pacotilla, hablemos del tema principal de este post: HERBALIFE.

Quienes me hayan leído en Twitter saben que me he burlado (y lo seguiré haciendo) de los muchos chistes que de los “vendedores” (entre comillas, ¿vieron?) de estos productos se dicen. Y es que ¡es verdad! Si hemos comparado a un “vendedor de Herbalife” con un Testigo de Jehová o Evangélico que predica puerta a puerta, no exageramos cuando decimos que SON UNA LADILLA.

¡Wait, mis queridos detallistas! ¿No me van a preguntar por qué usé las comillas? Precisamente por eso: Una cosa es ser un “vendedor” que te acosa, te persigue, te envía 364 mensajes por hora para que le compres una “merengada mágica” (otra vez las comillas, ¿vieron? Más adelante hablaremos de esto) o para que te metas en su secta y te pongas a vender como él; y otra, evidentemente que MUY DISTINTA, ser una persona que te asesore, te explique, te aclare tus dudas (si tú así se lo has pedido) te venda un producto que tú necesitas y te haga un seguimiento post venta (como debe ser) para cerciorarse de tu total satisfacción. Porque, ¡vamos! Un cliente satisfecho y bien atendido de seguro volverá a comprar, ¿no? Y tampoco soy un experto en mercadotecnia, por si acaso. Pero no hay que ser un genio para entender esto.

Este post es un poco largo (para variar, yo) por lo que me he tomado la molestia de dividirlo en 3 entregas, para no aburrirte, pues sé que tienes cosas más importantes que hacer.

Primero, hablemos de mi experiencia con estos productos.

Nos remontaremos al año 1994, año en el cual yo me encontraba recién egresado de las filas de Mc Donald’s (sí, trabajé con Ronald Mc Donald, vendí cajitas felices y limpié baños que jode) y un día en la calle una persona me dio un volante, un papelito que decía: “Empresa americana en expansión solicita jóvenes con o sin experiencia para trabajar en sus diferentes departamentos. A tiempo parcial, sin horario y sin jefes”. Y yo, como un ingenuo púber de 20 años que era para aquel entonces, caí redondito en esa “trampa caza bobos”. Me dirigí a una oficina en dónde había una sala que más bien parecía una iglesia de “Pare de Sufrir” que la de una empresa seria. Gente con chapas en el pecho que decían: Trabaja desde tu casa, ¡Pregúntame cómo! O la sempiterna: Pierda peso ahora, ¡Pregúnteme cómo!

Luego empezaron a desfilar un poco de locos sonrientes que decían: Me llamo fulano de tal, he perdido 20, 30, 40, 50 kilos en tanto tiempo, me siento bien, hago pupú chévere, y haciendo este negocio a tiempo parcial me he ganado X cantidad de dinero.

Y yo, sin entender nada, ya quería irme de ese circo. La persona que me había invitado me dijo: ¡¡¡¡No te lo puedes perder!!!! Prueba los productos y si no sirven, yo te devuelvo el dinero. Así que, ¿qué podía perder yo? Accedí, y me llevé mi merengada y mi té a la casa, pa’ ver que tal (además de que, por haber trabajado en Mc Donald’s, tenía unos kilitos demás).

Pues, les cuento que la “merengadita mágica” esa (que para aquella época en Venezuela sólo tenían 2 sabores, vainilla y chocolate y además en su catálogo tenían como 5 o 6 productos nada más) hizo efecto al cabo de una semana y perdí como 4 kilos más o menos. Yo no lo creía y los seguí tomando. Al finalizar el mes y acabarse mi “merengada mágica” había perdido como 8 kilos y yo quería contarle a todo el mundo la magia de la secta esa. Así que me registré como Distribuidor y estuve un tiempo con mi ridícula chapa en el pecho hablándole a la gente de los productos mágicos que tan bien me habían hecho sentir y ganando algo de platica por las ventas al detal que hice.

Pasaron los meses y la persona que me había inducido a entrar en el mundillo de la venta boca-oreja empezó a dejar de tener contacto conmigo, y obvio que su recién iniciado pupilo (como en cualquier empresa en dónde te entrenen) no podía seguir creciendo sin más entrenamiento.

Para hacerles el cuento corto, la cuestión fue que se me presentó la oportunidad de irme a Macondo, a vivir con mi padre; y ya lejos de la civilización, yo me dije: ¿A quién demonios le voy a vender yo merengaditas aquí en la selva? Así que guardé mi chapa, mi catálogo de productos y mi sonrisa Herbalife… Hasta 17 años después que, gracias a la ladilla, insistencia y acoso de mi hermana, y luego de 6 meses sin vernos, me quedé loco cuando la volví a ver con 21 kilos menos y con la bendita chapita en el pecho… pero lo mejor de todo: ¡Ganando plata!

Que si los productos son buenos o no, que si te lavan el cerebro o no, que si es psicológico o no… Yo no sé. Lo que sí sé es que los volví a probar (Esta vez me doy cuenta que Herbalife cuenta con muchos más productos, mejorados, reformulados y más sabores de la “merengada mágica”) y en menos de una semana tengo 4 cms menos de lipa y bajé 2.5 kilitos. No tengo ni ansiedad, ni taquicardia, ni pesadillas, ni mal humor, ni soy adicto, ni me lavaron el cerebro. ¡Por favor! Hay que reconocer cuando algo funciona o no funciona.

Me documenté, leí e investigué (cosa que en 1994 no pude hacer, por no existir San Google). He leído muchos posts como este (a favor y en contra de Herbalife) e investigaciones periodísticas y científicas al respecto. Decidí probar los productos de nuevo y la verdad es que no me puedo quejar.

Pero analicemos un poquito por qué tanto odio/amor hacia estos productos, o hacia esta compañía… o hacia quienes distribuyen los productos. Me siento con toda la potestad de hablar de ellos, pues actualmente los estoy tomando y he investigado MUCHO al respecto.

Para ello, hice una encuesta en Twitter por un período de 2 semanas (tal vez muy poco tiempo) para saber la opinión de muchos de Uds. Y veamos los interesantes resultados:

La encuesta decía así:

¿Por qué NO te gusta Herbalife?

En la próxima entrega veremos una a una las interesantes respuestas de esta entretenida encuesta.